México gozó en general de estabilidad financiera, tasas de interés relativamente moderadas, una tasa de inflación muy baja en ese período, hasta el año setenta más o menos, y un apoyo bastante amplio del Estado al desarrollo industrial.
Se podía afirmar que el que no pudiera ganar dinero estableciendo una industria en México en ese período, era rematadamente incompetente, porque tenía la mesa puesta, tenía todas las condiciones y un mercado interno en expansión. Sin embargo, se produjo una serie de problemas. El más importante fue que nunca se desarrolló la política de sustitución de importaciones en una forma, digamos, orgánica e integral. Bastaba decir que se podía producir en México un producto para que se dieran todos los pasos, todos los apoyos, sin pensar que sustituir un producto puede crear una dependencia respecto a otro producto intermedio, a una materia prima que no se produce en el país, que hay que importar; en consecuencia, se sustituían ciertos productos en la etapa final y se aumentaba enormemente la importación de los productos intermedios, para los cuales no había plan de sustitución; porque era mucho más fácil estudiar el mercado de consumo, que el mercado de los insumos que, como productos intermedios nacionales, van a abastecer a uria serie de industrias.
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